Siendo padres de nuestros padres

En este día del amor y amistad, considero pertinente hacer alusión al amor de los hijos fungiendo como padres de nuestros padres. Partamos de la premisa de estar "preparados" para ser padres de nuestros hijos, aunque en realidad nunca nadie nos enseño la crianza de un ser dependiente de nosotros. Ésta es de las tareas más demandantes, todo un reto para la vida, una tarea de vida. Todos los momentos de crear seres mitológicos (unicornios, centauros, dragones), sin fallar en los príncipes y princesas enclaustrados en algún recóndito castillo, que hacen de la infancia una época mágica que yace en los más profundos recuerdos en la etapa adulta. Con el paso de los años, aquél pequeño pasa de ser cuidado, a crecer y formar parte crucial de la Sociedad actual, de ser un pequeño ser que apenas puede hacer un sonido gutural a volverse una persona pensante, productiva y, si así lo quisiera formadora de una nueva familia. Ver con orgullo el producto de la crianza, sin duda es una de las realidades que más regocija a un padre. Nosotros los padres seremos cuidadores de nuestros hijos hasta que ellos (y nosotros) así lo decidan. El crecimiento y ciclo de vida, lleva al organismo humano a perder funciones y capacidades a un ritmo, que a veces puede verse acelerado por la enfermedad y, eventualmente llevarnos a perder nuestra independencia (aquella que logramos en la etapa prescolar para funciones básicas o, en la etapa adulta temprana, para las instrumentadas y avanzadas). Aquellos juegos de "a la una, a las dos, a las tres", que hacían que dieran el salto hacia el infinito (a veces al pie de las escaleras), de esas veces que los confortabamos al caer de dar sus primeros pasos, de las veces que vigilábamos atentos e impacientes el reloj a que diera cierta hora para ir po ellos en su primer día de colegio. Todo esto, en algún momento será solo un recuerdo y, a veces lo único que quedaría de una memoria que con el paso de los años puede marchitarse por la demencia. En este viaje, llamado vida. La etapa de cuidado se vive fugaz (cual estrella) y, los hijos pasarán en algún momento a verse en el lugar de cuidadores (si lo tomarán o no, a veces depende de los cuidados, crianza, principios y valores que han recibido) de sus padres. Cuidar a los padres es iniciar una larga despedida a los primeros héroes, devolver el amor que se recibió en los primeros años. El solo pensar en la despedida y muerte de los padres, es motivo de tristeza y de reflexión, saber que llegará ese momento y que solo el recuerdo del amor logrará hacer que el cuidado que se brinde a ellos sea mas liviano del gran pesar que produce el decir adios. Pero, que sucede si los padres no han sido amorosos, cuidadores y, a pesar de dar todo de sí, ésto no fue suficiente. Será acaso que los hijos de estos padres tengan la facultad de devolver aquello que jamas han recibido? Es crucial confrontar los conflictos o cuentas pendientes en vida, pues sobra decir que después de la muerte no es posible. El lograr dejar atrás el sufrimiento y dolor que ocasionaron los padres a los hijos en la crianza es uno de los grandes retos de un gran número de familias. Ahora será turno de los hijos el alegrar los domingos de los padres que esperan ansiosamente ese día, para recibir una sonrisa, un abrazo, un beso o escuchar nuevamente (de otra voz) aquella historia de príncipes, princesas, dragones y unicornios. En este día del amor y amistad, les invito a recordar el amor que hemos recibido (o no) en la infancia y a concientizar que en algún momento nos enfrentaremos a planear (si el tiempo lo permite) esa despedida y, si fuera necesario cuidar a nuestros cuidadores, ser padres de nuestros padres.

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Dr. Mauricio Moreno Aguilar

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