Jubilación y Retiro

Desde el comienzo de una vida, existe la visión de un descanso en el futuro. El éxito en un trabajo es lograr el equilibrio entre familia, trabajo y amigos, y logrando una ganancia económico y espiritual de ello. El conseguir esto depende de muchos factores, en ocasiones no sujetos a un control por el individuo. La capacidad innata para la previsión, el ahorro y la resiliencia logran que un sujeto haga de su trabajo y finalmente, de su retiro un momento ameno y deseado en lugar de uno desesperado y evitado.

Esta etapa, generalmente llega en una etapa de edad avanzada (también llamada tercera edad). Representa un golpe de realidades distintas que chocan en la psique del sujeto y que lo hacen enfrentar aspectos inexplorados (y a veces, inesperados). El Retiro se ha asociado (tradicional y, casi legendariamente) a la aparición de enfermedades nuevas, incluyendo del tipo emocional y social; entre estas, se cuentan la depresión, el aislamiento social, trastorno del sueño y, la aparición de problemas de memoria. Un gran determinante para que estos padecimientos se hagan más evidentes (en oposición al mito o leyenda de una relación causa-efecto) en esta etapa es el salir de la rutina adoptada por muchos años (lustros o decadas) que evitan que el sujeto se haga responsable de su auto-cuidado. Otros factores predisponentes (recalco no-causales) son el llegar a una etapa con menos convivencia social, intelectual y laboral; aquí, vale la pena recordar la coloquial "ley del desuso" (lo que no se usa se atrofia), que condiciona que se pierdan destrezas sociales, tareas aprendidas y, conforntar nuevos retos, tales como la capacidad de aprender nuevos roles, labores o tareas cotidianas (aspecto desaprendido a lo largo de la vida laboral) o, el remarcar aspectos de auto-cuidado que llevan al descubrimiento (generalmente no coincidente con el inicio) de enfermedades crónicas.

Protectores vs estos "achaques" son el tener una buena red de apoyo (amigos, familia, pareja o conyuge), proyectos alternos al trabajo previo (en los que el sujeto desborde su atención), la resiliencia del sujeto así como la capacidad (en ocasiones imaginativa y casi poética) para entablarse en nuevos proyectos y desarrollar su capacidad para aprender tareas nuevas o retomar temas dejados pendientes.

En pocas palabras, el retiro no debe ser una condena para el desarrollo de enfermedades fisicas, emocionales o mentales, ni a deterioro funcional. Si se planea correctamente y se proyecta como un desenlace al que todo sujeto debe aspirar, puede ser una etapa final (o intermedia, en caso de embeberse en un proyecto nuevo) en el que se alcance la auto-realización personal.

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